Escándalo padre entre faraones

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Un hallazgo de arqueólogos españoles obliga a revisar quién fue el progenitor de Tutankamón y la historia de la dinastía XVIII .

La corregencia es algo indubitable, a decir de Martín Valentín. Es verdad que la cuestión vuelve locos a los egiptólogos, hasta el punto de que unos abrazan esta tesis y otros la repudian sin remilgos. El hallazgo de los españoles aporta elementos para creer a pies juntillas en la tesis de los corregentes. La evidencia se halla en la tumba del visir Amen-Hotep Huy, que se asienta en Asasif (Luxor occidental). Aquí se han encontrado cuatro columnas, dos de las cuales muestran como rey a Amenhotep III y otras dos a Akenatón. Y ambas datan del mismo periodo. A la luz de las inscripciones, Akenatón tomó las riendas del poder junto a su padre a partir del año 28 del reinado de Amenhotep III, lo que demuestra que la corregencia duró al menos diez años.

 

Los hallazgos en la tumba del visir son solo el primer paso. A partir de ahora se excavará en el patio y no se descarta dar con el paradero de la cámara funeraria. Si dispusiera de dinero, Martín cree que su equipo la encontraría en apenas cuatro años. Pero mucho se teme el jefe de arqueólogos que los trabajos avancen mucho más despacio.

 

Con todo, Martín no se puede quejar. Su equipo ha descubierto restos de 30 columnas y 7.000 fragmentos de relieves. El empeño ha sido casi heroico. No en vano, la clasificación de las piezas no se ha interrumpido pese a las convulsiones políticas que sufre Egipto. Los expertos han vivido situaciones penosas, sobre todo para un historiador, como el saqueo del Museo de Malaui.

La historia de Egipto comienza a parecerse a un culebrón. Si existían puntos oscuros sobre la paternidad de Tutankamón, los hallazgos de un equipo de arqueólogos españoles abren un agujero negro. Ahora resulta que este faraón cada vez está más cerca de engrosar la nómina de hijos de padres desconocidos.

 

Un equipo de investigadores dirigidos por Francisco Martín Valentín demuestra sin asomo de duda que Amenhotep III y Akenatón compartieron reinado durante una década. Puede parecer cosa de historiadores, pero el asunto tiene miga. De un plumazo desaparecen diez años de la dinastía XVIII, lo que haría posible que Tutankamón, el rey niño, fuera hijo de Amenhotep III y, en consecuencia, hermano y no hijo de Akenatón.

 

Los arqueólogos se habían creído que el ADN no engañaba. Por tener fe ciega en el genoma se tenía por cierto que el padre de Tutankamón fue Akenatón, circunstancia que le convertía en nieto de Amenhotep III. Y parece que no fue así. Quien haya leído hasta aquí es muy probable que se haya perdido, pero más perdido andaba el pobre Tutankamón, el faraón más huérfano, y el pobre nunca se había quejado.