Después de un merecido descanso y de disfrutar un copioso desayuno, comenzó nuestro día desempaquetando los miles de kilos y colocando cada cosa en su sitio.

 

De las maletas y paquetes, como por arte de magia empezaron aparecer latas de atún, mascarillas de carbono, paletas y pinceles, entre el café Saimaza y la cola de conejo. Un sin fin de enseres y utensilios que utilizaremos en los dos meses y medio que durará esta campaña.

 

Sergio empezó con la estación total. Creo que soñaba con ella desde hacía meses. Con el libro de instrucciones en la mano se dispuso a cargar la batería y después a calibrarla. Tuvo intención de salir con la estación al jardín y ahí le esperaba Lopez-Amon, que, en cuanto vio, que intentaba sacar el aparataje de la casa, le enseñó los dientes, como diciendo ¿dónde vas?. Así que, Sergio decidió continuar su aprendizaje, dentro de la casa.

 

Francisco colocó todos sus papeles e hizo la pertinentes llamadas telefónicas que le llevaron todo el día.

 

Sobre las cuatro nos vino a recoger nuestro chofer para llevarnos a Luxor, para ir al banco y después a los supermercados. Volvimos a ver a nuestro panadero favorito Abu, que con gran alegría nos ofreció sus ricos y calientes panes.

 

De nuevo cruzamos el puente, vimos el río, dador de vida. Y nuestra montaña sagrada se recortaba en el firmamento tebano protegiéndonos un día más.

 

 

Luxor, 8 de Octubre 2011